Gràcies Antonia Pilar Villaescusa Rius

DEDICADO A LOS CUIDADORES FAMILIARES.

En esta soledad inmensa

en la que a veces parece que me ahogue

que me fallen las fuerzas, el ánimo

y la esperanza…

Llega el cuidador y con su tacto me protege.

Mima mi alma, me da su sonrisa

estrecha mi mano y esas palabras tan necesarias

de consuelo que tanto necesito.

Cuántas veces me he derrumbado

con mis pensamientos dañinos.

Cuantas veces no he visto una salida,

una luz que me ayude a seguir.

Pero están ellos,

y mi corazón a su lado, palpita de nuevo.

Siento revivir el alma .

Son como ángeles de custodia.

Junto a ellos, siento que la vida no acaba, que continúa…

Sin esa labor, sin esa entrega altruista,

sin esa capacidad de motivar nuestros días

todo parecería más triste y dolorido.

He aprendido a mí edad, a escribir un poema.

A cantar, a volver a soñar, a crear labores.

A compartir momentos, a recordar…

He despertado de nuevo al mundo

cuando pensaba que ya no existía.

Ellos, me ofrecen calor y compañía.

A su lado,

he conocido una parte de la vida que desconocía.

Por eso, mis palabras quiero que sirvan de elogio

hacia todo aquél

que dedica su tiempo, sus horas más preciadas

a embellecer nuestra alma

nuestro espíritu y darnos la paz

y la alegría que tanto buscamos…

Antonia Pilar Villaescusa Rius.

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